11/03/2023
CITA CON EL DOCTOR
Una mañana desperté con un dolor muy fuerte en mi vientre, la resaca de una buena fiesta estaba latente en mi cabeza y en lo cansada que me sentía. Sin embargo, ese dolor no me dejaba descansar, así que fui a ver a un médico. El doctor era joven, de buen ver. No sé si era el alcohol que aún tenía por mis venas, pero lo encontraba un poco encantador; con su bata blanca y esa barba desalineada, que en un bar de seguro me lo follaría. Me acosté para que me auscultara, descubrió mi abdomen, palpándolo varias veces, luego me dijo que me desvistiera, y me pusiera una bata, tendría que revisarme minuciosamente. Me quedé de pie con la bata puesta y debajo mi tanga, a lo que me dijo que me quitara todo. Dejé caer mi tanga por mis piernas, el observó como bajaba por mis pantorrillas hasta tocar mis pies. Su mirada se perdió en ese andar de mi ropa interior bajando por mi piel, tragó saliva con el nerviosismo reflejado en sudor que brotaba de su frente. Lo noté de inmediato, sonreí y quizás por que aún estaba borracha intenté seducirlo, agarrando mi tanga para olerla, sin quitarle la mirada al doctor. La dejé a unos centímetros de él, ahí en una silla junto a mi ropa, luego me recosté y abrí mis piernas para ser inspeccionada. El doctor se colocó unos guantes de látex, tocó mi v***a de una manera sutil que me hacía pensar que me estaba acariciando. Sus dedos al tacto de mi piel provocaron en mí una ligera excitación que lubricó mi va**na. Luego sus dedos se introdujeron en mí.
El dolor se hizo más intenso, pero mi c**o escurría sin poderse detener. Mordí mis labios pues comencé a excitarme, guardando la postura para que no lo notara.
De repente, cogió un artefacto como si fueran pinzas y lo introdujo en mi va**na, lo deslizó hasta el fondo y lentamente lo fue sacando. Empecé a gemir sin detenerme, cubría mi boca para silenciarla, pero era imposible, el placer de sentir que algo sacaban por mi coñito provocaba que mis gemidos se hicieran gritos. De pronto sacó por completo el artefacto que sostenía un consolador de ocho bolitas. -Creo que hayamos el problema- fueron sus palabras con una ligera sonrisa al termino de ellas. La vergüenza cubrió mi rostro que se puso rojo, sin embargo, ya estaba cachonda y deseaba que esas bolitas dieran pauta a que el doctor dejara de un lado lo profesional y se embriagara de mi c**o.
El doctor se levantó, vi como sus dedos rozaban mi tanga, era una señal evidente de que estaba igual de caliente que yo. Por lo que pregunté -¿ya me puedo levantar?. El silencio se plasmo en el consultorio, una pausa en los labios del doctor y su mirada así como sus dedos escabulléndose en mi braga, dieron pie a que me dijera que aún tenía que revisar. Se acercó de nuevo a mí, sentí sus manos acariciar mis muslos, volteé hacia mi ropa y mi tanga ya no estaba, por lo que me dejé llevar al tacto de sus manos vestidas de ese látex que simulaba un pr********vo. Levanté el rostro hacia el doctor y lo vi oliendo mi braga, su lengua pasaba por ella hasta que me miró. Se detuvo de golpe, soltó mi tanga junto con los nervios que lo acompañaron en esa mirada de preocupación, que puse fin al hablarle.- ¿Te pone caliente mi tanga?, yo estoy cachonda desde que metiste tu dedo en mi conchita-. Vi como su miembro buscaba salir del pantalón y cunado le dije que me chupara el c**o, liberó esa calentura que lo acobijaba en toda la consulta. Su lengua pasó de mi va**na a mi ano en repetidas ocasiones hasta que mis gemidos fueron creciendo, soltando un grito de pasión al sentir su pene fornicarme, sin condón, sin respeto, sin ética a su profesión me cogía como si fuera una p**a y el un cliente millonario desquitando su dinero. Se arrancó los guantes para que sus dedos jugaran en mi va**na, masturbándome fuertemente, no resistí y mis or****os mojaron toda su mano y entró de nuevo en mí.
Me cogía súper rico, sus besos en mi cuello me embriagaban más que el alcohol de una noche atrás y su miembro reventándome me volvía loca. Estaba en un éxtasis total, mi mente en blanco así como mis ojos. Dejé de sentir su pene y esas bolitas causantes de mi visita al médico, entraron nuevamente en mí. El doctor las empujaba, luego las sacaba y así sucesivamente, al tiempo que su pene se restregaba en mi anito. Demasiado placer que fue interrumpido por el sonido de la puerta. La voz de la enfermera para avisar que otro paciente había llegado, ponía fin a este gran momento. Sin embargo, el doctor dijo con voz fuerte que en un momento se desocupaba, comenzando a masturbarse frente a mi rostro. Yo lo miré con los ojos perdidos entre or****os, le mostré sensualmente mi lengua, por lo que postró su miembro en ella, dejando que su semen empapara mi boca, atragantándome de esta historia hasta al última gota.

10/12/2022