18/10/2023
REFLEXION EN EL MES MORADO
Motivado por el advenimiento del décimo mes del año, que en el contexto de la tradición cristiana de Lima y otras ciudades del Perú y el mundo, denominamos mes morado, en homenaje a la imagen del Señor de los Milagros o Señor de Maravillas, emprendí un necesario recorrido histórico e informativo orientado a comprender y reflexionar sobre el origen, la evolución y el crecimiento de fervor religioso en torno a la figura del Cristo Moreno.
Culminado el emprendimiento, he tomado tres aspectos del mismo, como base para plantear la reflexión sobre el significado que tiene el Señor de los Milagros para nuestra devoción: El origen de la imagen, su significado en nuestra devoción y nuestra actitud como seguidores de Cristo.
La imagen del Señor de los Milagros fue pintada por un esclavo traído contra su voluntad desde Angola, un lugar, entonces ignoto, de Sud África. Pedro Dalcon, llamado también Benito Angola era un hermano integrante de los más pobres y desposeídos que no tuvo mejor idea para expresar su fe o su desesperación, que pintar la imagen de Jesús crucificado, del carpintero de Nazaret, tan pobre, marginado y perseguido como él: originario de un modesto pueblo rural de la baja Galilea, sin ninguna importancia política ni religiosa a tal punto que Nazaret no se menciona en el Antiguo Testamento ni en los primeros escritos rabínicos. Benito entendió que en Cristo, Dios se apropia de nuestro sufrimiento y lo hace suyo; del sufrimiento de quien lo ha perdido todo, del dolor del pobre, del marginado, del enfermo, del humillado, del abandonado, del anciano, del deprimido, del maltratado, que está representado en la cruz y, por ende , en el corazón de Dios. Pero creo que no sólo debe estar en el corazón del Padre sino que como nos indica Francisco, en Evangelii Gaudium – La Alegría del Evangelio, debe ser la hoja de ruta para que la iglesia, es decir, todos nosotros, asumiendo la dimensión social de la fe demos primacía a los pobres como elemento fundamental de la evangelización o sea de nuestra tarea como cristianos que, como también nos lo dice Francisco en “el amor en la familia” – Amoris Laestittia debe orientarse a instaurar la cultura del encuentro y a luchar por la justicia para que todos lleguemos a sentir a cada ser humano como un hermano.
El segundo punto de reflexión es, el significado del Señor de los Milagros, coma máxima expresión de la devoción católica en el Perú, expresada a través de la religiosidad popular que, a su vez, es la principal forma, en la práctica de nuestra devoción y, significa la relación llena de afecto, amistad y solidaridad de un inmenso grupo de personas, sin discriminación de ningún tipo ni naturaleza que, por el contrario, comparte las mismas creencias, los mismos valores y, sobre todo, la fe en su máxima expresión en Jesús Crucificado, en el Señor de los Milagros.
La religiosidad popular genera ña espiritualidad, la hermandad y propicia las vocaciones y, en muchos casos la conversión pastoral y personal.
Finalmente, nuestra actitud como seguidores del Señor de los Milagros es nuestra devoción al Cristo de los pobres, es nuestro camino a la reconciliación y la vida, es testimonio de vida, es la expresión de compromiso con los más necesitados que nos obliga espiritual y moralmente a actuar como la hermandad que ha rebasado los límites del Perú y actualmente se ubica en muchos lugares del mundo constituyendo ya una gran fraternidad y, una vez más, cito a Francisco el Papa que, en su exhortación apostólica Fratellis Tutti – Todos Hermanos, nos dice que el amor que se extiende más allá de las fronteras tiene su base en lo que llamamos “amistad social” que, en cada ciudad y en cada país cuando es genuina es una condición y una posibilidad de una verdadera apertura universal basada en el amor, la caridad, la solidaridad, la subsidiaridad, nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar el bienestar de todas las personas, a generar la fraternidad en el mundo, a ver a Dios en cada hermano, ver que cada hermano es un regalo de Dios.
Participando simbólica y espiritualmente en la Procesión; es decir, callejeando con Jesús Crucificado, lo hacemos entendiendo que este momento de crisis social, económica, política, moral, nos indica que estamos sometidos a temblores y terremotos generados por nosotros mismos y que con fe, devoción, reflexión, compromiso y decisión lograremos que el Cristo Crucificado nos siga favoreciendo con su amor y sus milagros, en nuestra búsqueda de paz, justicia y libertad.
¡Señor de los Milagros, danos tu bendición!

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