22/10/2026
POLÍTICA, NUEVOS LIDERAZGOS Y NEOCACIQUISMO
Vladimir Cerrón
El libro intitulado: “Política, nuevos liderazgos y neocaciquismo”, de Luis Vicente Manrique Álvarez, es una de las pocas obras que ha sometido al análisis científico los acontecimientos políticos regionales en Junín. Cabe mencionar que no existen mayores referentes al respecto, por lo que considero importante y trascendente su edición.
Ahí demuestra que lo antecedido a nivel nacional con el fenómeno Belmont y Fujimori, quienes terminaron desplazando a los partidos históricamente tradicionales, también se vio reflejado en las regiones, especialmente en Junín. Esto es cierto, como decía Engels, si la familia es el Estado en miniatura, lógicamente y con más razón el Estado regional. Aquí los movimientos regionales también desplazaron a los partidos tradicionales.
Las fuentes a las que recurre la investigación son principalmente la prensa escrita y la conversación política. Empero, es aquí donde encuentro una falencia, el no haber entrevistado a los exgobernadores regionales: Huaroc, Cerrón y Unchupaico, teniendo la posibilidad y la obligación de hacerlo, porque el investigador debe bajar al foso.
También recurre a la prensa, pero ¿a qué prensa?, ¿sólo la hegemónica?, con exclusividad, casi la única fuente. No hay contraste con otras, ni siquiera con los órganos oficiales de las agrupaciones políticas. Considero que las conversaciones que tuvieron lugar con Cristóbal Valdivia Ramírez fueron las más acertadas; personaje bien informado, a menudo serio y neutral.
Debo destacar la admiración especial que profesa el autor al exalcalde de Huancayo, Juan Tutuy Aspauza, motivo por el cual lo exime de una crítica certera a su gestión; evitando encuadrar sus reflexiones en el tiempo, dando la idea de que fuera un entrevistado reciente, cuando falleció en 2024.
La obra se une a la corriente de presentar a todos los gobernadores regionales como corruptos, pero en Junín hace una salvedad con Manuel Duarte Velarde mencionando que no tuvo procesos judiciales, aspecto totalmente errado; claro que sí los tuvo, lo que sucede es que su figura para entonces no era un blanco político y, por ende, no había interés mediático.
Tampoco se habla de las sentencias ilegales contra mi persona, las mismas que fueron fulminadas en los órganos de cierre a nivel de la Corte Suprema o el Tribunal Constitucional, dejando entrever que las mismas quedaron firmes cuando no es así.
En realidad, es natural que los gobernadores regionales afronten en promedio una centena de denuncias, sentencias o encarcelamientos. Por ejemplo, de la gestión 2011-2014, solo uno no tuvo esos problemas y no creo que, prácticamente todos, sean corruptos. Lo que sucede es que dichas autoridades están en el contrafuerte del poder nacional, pisando los talones a la oligarquía, por lo que deben ser congelados a cualquier costo.
No se menciona en la obra la politización de la justicia; recordemos que Unchupaico postuló con sentencia penal vigente y no fue retirado de la candidatura como manda la ley, porque el Poder Judicial controla a los jurados electorales especiales. No se precisa que a los fiscales y jueces se les adjudicó en la práctica un poder político que coincide con el inicio del proceso de descentralización en el país; ellos deciden quién postula, quién permanece en el cargo o quién es inhabilitado. Si la sentencia es arbitraria, no importa.
Se aborda el fenómeno del caudillismo, llevado a su máxima expresión evolutiva como neocaciquismo, pero bueno, veamos, ¿por qué presentar al caudillismo como un fenómeno cuestionable? Si eso es lo que hay, si esta patria se hizo a base de ellos. Es componente de una etapa del proceso de desarrollo político de los pueblos, hasta en las sociedades aparentemente más desarrolladas.
Considero que, si el caudillo molesta, no hay que atacarlo, sino tratar de domesticarlo, saber convivir con él, razón por la que Portocarrero sostiene: “El caudillismo suele despertar grandes simpatías”. Entonces, la paradoja es: ¿por qué atacamos al caudillo, pero a la vez le pedimos mejoras en una sociedad gobernada por ellos, mientras no llega el político “ideal”?
Llama la atención, hace más de un cuarto de siglo, que se siga teniendo como referente a la Marcha de los Cuatro Suyos y el autor lo consigne como “vigorosa movilización popular”, cuando a todas luces la marcha fue financiada, conducida y usufructuada por el imperialismo judío-anglo-sionista, donde las oenegés norteamericanas y el dinero de George Soros, fueron la base económica del nuevo orden posfujimorista impuesto.
Fujimori no cae por la marcha en mención, ni se movió, sino porque EE. UU. le bajó el dedo. En estas circunstancias, la socialdemocracia (caviar), invención más inteligente del capitalismo, disputó y tomó el control del país, pero sin cambiar de sistema político; por el contrario, actuando como su salvavidas.
Si los caviares hubieran tenido el compromiso de cambiar el estado de las cosas, con la misma fuerza que retiraron la firma de Fujimori de la Constitución del 93, hubieran convocado a una Asamblea Constituyente o por lo menos modificado el régimen económico de la Constitución. No lo hicieron, solo los bobos creyeron en el show de la firma.
Esta misma estrategia de “asaltar del poder” fue utilizada luego a nivel subnacional. Susana Villarán, Vladimiro Huaroc, Jesús Coronel, entre otros caviares, todos allegados a la Defensoría del Pueblo, fueron colocados en los gobiernos municipales y regionales, cuando el pueblo aún no sabía para qué sirve un gobierno regional.
Se asevera que la renuncia del consejero de Jauja fue por “el vertical manejo político presupuestal del gobierno regional”. No es así, la renuncia se dio porque tenía aspiraciones a la alcaldía provincial y vio en la crisis del aeropuerto una oportunidad para descollar. Es más, en propias palabras de él, decía: “el único conflicto que tengo con Cerrón es el tema del aeropuerto”.
La renuncia de la consejera de Satipo no ocurrió porque era una ferviente fiscalizadora oficialista, sino porque no acepté sus amenazas de poseer grabaciones a las que nunca di crédito. Llegó a controlar al gerente general, pero no al gobierno regional.
El cardenal Barreto, supuesto defensor del pueblo de La Oroya contra la contaminación ambiental, nunca dijo que Mantaro Revive se desenvolvía como si fuera una oenegé y que jugaba a doble filo con las empresas. La verdadera cara de este personaje se vio cuando quiso interferir en la conformación del Consejo de Ministros en el aún gobierno nacional de Perú Libre y, al no poder, se sumó al coro golpista
Ariste Cárdenas, según los propios obreros, se comporta como un extorsionador del proletariado de construcción civil; viviendo de las rentas diezmadas, no puede ser referente de nada. Habla de “acuerdos con Chinalco”, cuando sabe bien que el gobierno regional no tiene facultades sobre la gran minera y es una competencia exclusiva del gobierno nacional.
Es falso que el puente Comunero no esté funcionando, pues el mismo fue inaugurado en noviembre de 2019 y desde entonces su transitabilidad jamás se interrumpió. También se derrumbó el mito de la sobrevaloración, pues, en el 2025, la Fiscalía pidió el sobreseimiento del caso por sospecha insuficiente de colusión agravada. Al día de hoy, la investigación está archivada y es cosa juzgada.
Como corolario, debo mencionar, aparte de las críticas a las que me he limitado, que el libro tiene aportes singulares, valiosos y trascendentes. El marco teórico, producto de la lectura acuciosa de varios personajes, la revisión bibliográfica y el aporte personal del autor son altamente nutrientes, contrastado con la realidad política de Junín, es único y tiene una riqueza sin igual. Los invito a leer.
Sec. De Prensa y Propaganda Regional de LM.