01/11/2026
EL MALECÓN MIRANDA: ABANDONADO A SU SUERTE POR UNA GESTIÓN MUNICIPAL INDIFERENTE Y UNA CIUDADANÍA CÓMPLICE
Por Sandro Medrano Legua
El estado del malecón Miranda no es simplemente una muestra de descuido urbano; es el retrato de una gestión municipal incapaz de entender que gobernar también significa proteger, conservar y defender los espacios públicos. Una administración que está a punto de terminar y que deja como evidencia de su paso el deterioro de uno de los espacios emblemáticos de Pisco. Aquí no basta con hablar de falta de presupuesto, de competencias o de herencias administrativas.
Hay algo mucho más grave: desinterés, falta de voluntad y una alarmante ausencia de responsabilidad política. ¿Dónde estuvieron las autoridades mientras el malecón se deterioraba? ¿Dónde estuvieron las acciones de mantenimiento, fiscalización y prevención? La cobardía política también se manifiesta en el silencio, en mirar hacia otro lado y dejar que el problema se agrave hasta convertirlo en parte del paisaje. Una gestión municipal no se mide por sus ceremonias, fotografías, discursos ni publicaciones institucionales, sino por aquello que conserva, mejora y entrega a sus ciudadanos. Y el malecón Miranda es una evidencia incómoda de lo que esta administración no supo o no quiso hacer.
Pero sería demasiado cómodo responsabilizar únicamente a las autoridades. La población pisqueña también tiene una cuota de responsabilidad que debe asumir sin excusas. Resulta contradictorio exigir una ciudad limpia, ordenada y atractiva para el turismo mientras algunos de sus propios habitantes contribuyen a destruirla con basura, indiferencia, comportamientos irresponsables y absoluta falta de respeto por los espacios comunes.
Esta crítica alcanza también a los jóvenes y a las personas extranjeras que han elegido Pisco como lugar de residencia: vivir en una ciudad implica respetarla, independientemente del lugar de procedencia o de la edad. Nadie está exento de la obligación de cuidar el entorno que comparte con los demás.
Y hay otro grupo que merece una crítica frontal: aquellos pisqueños que desde las redes sociales se convierten en expertos en indignación, quejosos permanentes y comentaristas de cuanto problema aparece, pero que nunca participan en una protesta, nunca exigen formalmente responsabilidades, nunca se organizan ni dan un paso concreto para cambiar las cosas. Criticar desde la comodidad de una pantalla no es participación ciudadana; es, muchas veces, una forma de complicidad con la indiferencia.
Pisco no necesita más discursos de orgullo local ni fotografías con frases patrióticas. Necesita ciudadanos que actúen, autoridades que respondan y una sociedad que deje de normalizar el abandono. Porque qué fácil es repetir que somos una «ciudad turística», que Pisco es tierra de historia, cultura y tradición, cuando ni siquiera somos capaces de defender y preservar nuestros propios espacios públicos.
Pisco no es una ciudad turística por decreto, por eslogan ni por voluntad de quienes la promocionan. Una ciudad turística se construye, se mantiene y se respeta. Y mientras el malecón Miranda siga siendo testimonio de nuestra incapacidad colectiva, la realidad será mucho más contundente que cualquier campaña publicitaria: PISCO, CIUDAD ABANDONADA.