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Comité  Pip Cayey Oficial Comité del Partido Independentista Puertorriqueño en Cayey

21/10/2026
20/10/2026

"Nosotros en el PIP no negociamos con el imperio el largo de la cadena que nos ata.”
Juan Raúl Mari Pesquera

El PIP a sus ochenta añosEl torrente incontenible de la descolonización empezaba a agrietar las vetustas compuertas del ...
20/10/2026

El PIP a sus ochenta años

El torrente incontenible de la descolonización empezaba a agrietar las vetustas compuertas del viejo imperialismo.

Caía el imperio británico en el subcontinente indio con las sucesivas independencias de India, Pakistán, Burma y Sri Lanka. Al mismo tiempo, la Conferencia de Montego Bay de 1947 abría las puertas a la futura emancipación de Jamaica y Trinidad de las garras del imperio británico.

Se evaporaba el imperio holandés en oriente con la independencia de Indonesia (1945). Mientras tanto, Ámsterdam abría con sigilo el proceso que ocho años más tarde culminaría con la autonomía para las principales posesiones holandesas en el Caribe (Surinam, Aruba, Curazao).

La cuarta república francesa (estrenada en 1946) tampoco pudo resistir los vientos de cambio y durante ese mismo año de 1946 elevó a status de departamento a Martinica, Guadalupe, Guyana francesa y Réunion, a la vez que reconoció la independencia de Vietnam dentro de la unión francesa y la autonomía de la Cochinchina.

Tan violentas fueron las ráfagas que el joven imperio americano se vio en la obligación de cumplir su palabra y proclamar en 1946 la tantas veces aplazada independencia de las Filipinas.

¿Y mientras tanto qué ocurría en Puerto Rico?

Que ardía troya en el seno de la Pava.

¿Entre quienes?

Entre Luis Muñoz Marín, quien para aquel entonces ya había renegado del independentismo de sus años jóvenes y andaba aferrado a la máxima de que el status “no estaba en issue,” y una amplia masa de líderes populares independentistas impacientes con emprender la tarea de acabar con el coloniaje.

La pugna hizo crisis el 10 de febrero de 1946 cuando, a instancias de Muñoz, el Consejo de Fundadores de la Pava en reunión conjunta con el Comité Central decretó que era “incompatible” ser, a un mismo tiempo, miembro del Partido Popular y miembro del Congreso Pro-Independencia de Puerto Rico en el cual militaban lideres populares de la talla de Vicente Géigel Polanco, Samuel R. Quiñones, Felisa Rincón, Rafael Arjona Siaca (consuegro de Muñoz), Andrés Grillasca (alcalde de Ponce), Ernesto Juan Fonfrías, Francisco M. Susoni, Baltasar Quiñones Elías y José Luis Feliú Pesquera, entre muchísimos otros.

Ocho meses después, el domingo 20 de octubre de 1946, nacía en la gallera “Las Palmas” del barrio Hato Tejas de Bayamón el Partido Independentista Puertorriqueño bajo el liderato de su primer presidente Gilberto Concepción de Gracia.

Pero hoy 80 años más tarde ¿por qué y para qué conmemorar su nacimiento?

Porque se impone la obligación histórica de rendir tributo a los patriotas que desde la trinchera electoral asumieron como suya la lucha por nuestra autodeterminación y liberación nacional.

Porque el PIP es el único partido que en Puerto Rico encarna la digna y heroica tradición libertaria e internacionalista de Betances, Hostos, De Diego y Albizu Campos.

Porque supo insertarse en el debate de status en Washington desde una perspectiva de sensatez.

Porque bajo el liderato de Rubén mantuvo vivo el caso de Puerto Rico más allá de la ONU de la mano de algunas de las figuras más prominentes de la vida internacional de entonces como François Mitterrand, W***y Brandt, Olof Palme, Lionel Jospin, Raúl Alfonsín y José Francisco Peña Gómez, entre muchas otras.

Porque es el partido que, contra viento y marea, volvió a encausar la lucha por la soberanía a través del cauce electoral.

Y porque a juzgar por su histórico resultado en la pasada elección y su inclinación hacia las alianzas políticas parecería que su existencia es hoy inclusive más pertinente que ayer.

¿Y por qué?

Porque al igual que ha ocurrido en los últimos meses en Irlanda del Norte, Escocia, Groenlandia, Quebec, Gales, las Islas Faroe (entre otros casos), en Puerto Rico cada día son más los votantes que están perdiéndole el miedo a votar por candidatos soberanistas siempre que sean inteligentes, honrados y laboriosos como antídoto a los chupópteros tropicales.

Honrar el pasado, redimensionar el presente y avizorar con esperanza el futuro ahí el mapa para la ruta del Partido Independentista Puertorriqueño.

Rafael Cox Alomar
ENDI, 20 de octubre de 2026

Independencia: único futuro con futuroA Rubén Berríos Martínez, Manuel de J. González, Heriberto Marín, Fernando Martín,...
20/10/2026

Independencia: único futuro con futuro

A Rubén Berríos Martínez, Manuel de J. González, Heriberto Marín, Fernando Martín, Alida MIllán

El independentismo nace en el pecho. Irrumpe como desazón, quizás clara, quizás opaca; punzada de que algo no anda bien. Mucho antes ha sido paisaje: un lugar con cierta geografía: ríos, mar, montañas. Ha sido cielo. Y poesía.

La desazón se transmutará en resistencia que saldrá de esas honduras donde las palabras están vedadas y se expresará en un “¿a cuenta de qué?”

Nace también de la reflexión, del estudio y de un descubrimiento radical de que las retóricas del poder colonizador son puras baratijas. Don Rosendo Matienzo Cintrón, a lo mejor, fue uno de estos independentistas.

Nadie monopoliza la dignidad ni la devoción hacia el terruño imantado. Matienzo comenzó en el anexionismo y, como uno de los más preclaros luchadores de su generación, leyó bien y temprano al invasor. Se apartó de la hojarasca y llamó a la creación de una organización unificadora de los puertorriqueños. Dio así inicio a lo que sería, ya sin las convicciones de Matienzo, el Partido Unión de Puerto Rico. El gobernador norteamericano William Henry Hunt olfateó el deslinde y lo invitó a la Fortaleza para ofrecer el sirop bobo de las ventajerías que la lealtad al gobierno invasor prometía. Matienzo, imagino, se reiría ante tanta torpeza. Ante su firmeza, Mr. Hunt dejó la fachada y descendió a la amenaza.
Don Cayetano Coll y Toste describió la escena. “Siga usted con su fatal propaganda”-dijo el gobernador. “La pierna del presidente Roosevelt la aplastará”. Don Rosendo ripostó: “En el plano de las ideas, la pierna de un presidente y la pata de una vaca significan la misma cosa”. Mr. Hunt tragó hondo. Matienzo, con palabras, lo había convertido en Mr. Hunted. Esto lo digo yo, no don Cayetano.
Nadie monopoliza la dignidad. Don Rosendo ya transitaba hacia la independencia.

Solo el independentismo ha luchado contra la estrategia entrelazada, hidra de tres cabezas, del poder imperial: la represión frontal, la solapada (carpeteo, vigilancia, intercepciones de teléfonos) y la sinuosa. Esta última, cotidiana y la más nociva, retrató al proyecto de olvido y menosprecio de lo nuestro. Ha sido un proyecto de dos estados, el metropolitano y el colonial, para manufacturar, difundir y educar a generaciones con distorsiones y entierros de nuestra historia. Dos estados, un proyecto, una meta: acicalar el colonialismo.

Es el cerco mediático que no cesa. Los que pertenecemos a cierta generación recordamos el logro que significó la publicación en el periódico El Mundo de la serie de artículos de Rubén Berríos, “Los miedos a la independencia”. También recordamos el desencaje cuando un importante programa radial entrevistó don Juan Mari Brás por una hora.

Don Gilberto fue abogado de los que vivieron la primera hidra y conoció, en su entorno de experiencias, las otras dos. Si don Pedro fue maestro—como ciertamente lo fue --don Gilberto fue, sin duda alguna, cirineo y apóstol. Fue atalaya en unos tiempos donde el relumbrón de tantos cambios—industrialización, educación, emigración, mejoramientos reales de miles—ocultó sombras grotescas: un acto de subordinación al Congreso vendido como “autodeterminación”, el día de la invasión disfrazado como el día de la “constitución”. Con paciencia y sin injurias enfrentó a los quincalleros pamplineros, cepa muy cómica de la fauna colonial, que solían hablar con la convicción de los tolomeos.

Ahora es bastante fácil ser independentista: la decrepitud se vive y respira. Solo los momios y los locos defienden la colonia. Solo los falsos profetas siguen brincoteando en espera de que su Baal norteño y anaranjado les responda. Pero hubo un tiempo en que ser independentista fue sinónimo de “locura” y alarma. Los “lúcidos” disfrutaban su holganza.

Ante una crítica de don Gilberto a la política Santa Cló de exenciones contributivas por diez años, uno de aquellos quincalleros pamplineros, don Luis Solá Morales, aseguraba a la prensa que la política económica del Partido Popular iba más allá de la vida de sus propulsores”. Esa política--dijo “contempla los años y los siglos en que ha de haber seres humanos viviendo en Puerto Rico”. Nadie se ría. Eso fue en 1951. ¿Quién estaba de remate?

Solo el independentismo tuvo y tiene luz propia. Las otras dos corrientes por donde la metrópoli y algunas voluntades enrumbaron deseos colectivos siempre fueron lunas. No como la luna que nos alumbra, claro está. Más bien son lunas que orbitan por Plutón y reflejan—porque no puede ser de otra manera--ráfagas cada vez más lánguidas de la estatua muda. Todas “sus ideas” nacen allá, en el permiso anhelado o en la indiferencia de la metrópolis.

El independentismo es un collar de eslabones que une generaciones y que se extiende hasta Lares. Como escribió Frederick Engels—y Marx repitió—ese pasado pesa y recorre nuestro presente y futuro. Las sombras-antorchas, hombres y mujeres, acciones y palabras, nunca han dejado de retumbar en las memorias independentistas.

Trabajar dentro de instituciones no tiene, en sí mismo, ni nobleza ni heroísmo. Entrar y pelear en el vértigo y salir luego como salieron Sadrac, Mesac y Abed-nego del horno pagano, eso necesita la nobleza y heroísmos de una humanidad distinta, por no decir superior.

Una prueba infalible para evaluar ideas y acciones políticas es pasarlas por el cedazo de algunas preguntas: ¿han protegido y mejorado la vida? ¿Han protegido y mejorado la riqueza de esa naturaleza única de cada nación? ¿Han enriquecido nuestra sensibilidad artística e histórica? Con el cambio generacional de 1968, el PIP entró en terrenos prohibidos. Rubén, bien joven, sufrió cárcel por retar la presencia guerrerista en Culebra. Treinta años más tarde, y entonces parte indispensable de lo que ya era un movimiento nacional, Rubén hizo lo mismo en Vieques. En ambos tiempos, la cárcel fue el mismo desenlace. En el mismo año conoció el diagnóstico de una enfermedad de cuidado y entonces corrió para la gobernación. Es algo más que carácter. Es el sacrificio como convicción, inevitabilidad y sin amarguras. Es que las sombras-antorchas son otra nube de testigos. Y brotan desde el pecho.
La espiritualidad de una cultura, en su literatura y filosofía, comunica a veces premoniciones y rutas. En nuestro caso, en el mismo de su novela corta, Los dos Indios. Episodio de la conquista de Boriquen, don Ramón Emeterio Betances profetizó nuestra identidad. Escribió: “Caminaban. Y, sin embargo, la noche era sombría y bramaba la tormenta.” Y en la primera oración del segundo párrafo: “Caminaban. Caminaban siempre hacia adelante”.

¡Felicitaciones al PIP en el 80 aniversario de su fundación!

Roberto Alejandro
ENDI, 19 de octubre de 2026

(En la foto, Rubén Berríos pronuncia su discurso en el 80 Aniversario del PIP.)

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