11/10/2026
Centro Cultural 23 de septiembre inc.
Reconoce a Don Miguel López (Mr . López)
004/200
Don Miguel López Santiago - 101 Años de Vida, Historia y Ejemplo Lareño
El pasado 4 de octubre, Lares celebró los 101 años de Don Miguel López Santiago, bailando y cantando junto a sus 3 hijas Zobeida, Zenaida y Zelma, sus 5 nietos, 7 bisnietos, vecinos y amigos.
Nacido el 2 de octubre de 1925 en la Calle Comercio, en el mismo solar donde hoy está la Escuela Aurelio Méndez, hijo de Antonio López de Victoria y Estebanía Santiago. Fue el séptimo de la familia.
Un Lareño que superó la pobreza con trabajo y educación:
Desde niño mostró talento para las artes manuales, hacía y vendía carritos de palos. Por sus notas sobresalientes lo adelantaron de 5to a 7mo grado. Aunque no tenía dinero para libros en superior, los compraba e intercambiaba con compañeros. Se graduó del curso comercial del Colegio Royal de Lares.
Durante la Segunda Guerra Mundial, por la escasez de maestros, fue reclutado como maestro mientras compraba en una tienda en Lares. Eso le permitió estudiar y completar su Bachillerato en Artes en Educación Elemental en la UPR de Río Piedras.
Dedicó 30 años al magisterio (1945-1975) enseñando en casi todas las escuelas de Lares: Río Prieto, Castañer, Piletas Arce, Piletas Centro, Espino Ceiba, Tabonuco, Campo Alegre, Escuela Palmer y 8 años en la Escuela Clay. Empezó ganando $80 al mes.
En 1950 se casó con María Luisa Ríos para formar su familia.
El artesano centenario:
Tras retirarse y luego del fallecimiento de su esposa hace 17 años, se dedicó a lo que más ama: la artesanía y la pintura. Crea fuentes de agua con higüera, pinta cuadros de la naturaleza y diseña piedras ornamentales con screen y cemento que parecen reales.Por sus aportaciones, el alcalde Fabián Arroyo lo reconoció recientemente como artesano ilustre.
Su lema a los 100 años: "Bailé casi toda la noche, porque gracias a Dios a mí no me duele nada. Lo único que tengo es un poco de desbalance y los achaques de viejo."
Fuente: Primera Hora / Reportaje por Luis Ernesto Berríos