Sucesos de la Historia

Directions Website Contact the organization

Sucesos de la Historia Sucesos de la Historia, tiene el objetivo de comentar sobre aquellos hechos mas significativos en la Historia de Cuba y el mundo.

En especial para favorecer a la libertad del pueblo cubano.

09/29/2026
¿Estamos preparados para el apocalipsis?«¿Estamos preparados para el apocalipsis?» es una pregunta bíblica que nos hacen...
09/28/2026

¿Estamos preparados para el apocalipsis?
«¿Estamos preparados para el apocalipsis?» es una pregunta bíblica que nos hacen frecuentemente al tocar a nuestra puerta algunos misioneros religiosos. Ante este cuestionamiento, muchos rechazan hablar sobre el tema, mientras que otros, los más versados, aceptan el reto y se introducen en el debate; sin embargo, no logran convencerse del todo porque la apreciación teológica varía sustancialmente según la forma de interpretar las sagradas escrituras. Más allá del ámbito doctrinario, el término apocalíptico, proveniente del griego apokálypsis —que significa originalmente "revelación" o "correr el velo"—, ha evolucionado drásticamente a lo largo de la historia, acumulando múltiples acepciones que transitan desde la religión y la literatura clásica hasta la sociología contemporánea y el cine de desastres. En su acepción histórica y religiosa primigenia, lo apocalíptico no implicaba destrucción o muerte, sino la revelación de verdades ocultas a través de un género literario antiguo, presente en el judaísmo y el cristianismo primitivo como el Libro de Apocalipsis de San Juan, cuya función primordial era infundir esperanza a los pueblos oprimidos al revelar que, aunque el presente fuera catastrófico, habría una intervención final para derrotar al mal; era un sentido de transición donde el "fin del mundo" no significaba la aniquilación de la existencia, sino el fin de un orden corrupto para dar paso a un mundo nuevo y perfecto. No obstante, la acepción popular y cultural moderna ha invertido este significado, asociando lo apocalíptico de forma inmediata con la catástrofe, la destrucción total o el fin de la civilización a través del cine y la literatura de ficción sobre colapsos nucleares, pandemias globales e impactos de asteroides, transformando la palabra en un adjetivo cotidiano para describir paisajes terroríficos tras desastres naturales o tonos alarmistas en discursos políticos. Paralelamente, en el campo sociológico y filosófico, Umberto Eco (1965) otorgó al concepto una dimensión cultural crucial al definir al intelectual "apocalíptico" como aquel que percibe la cultura de masas, la tecnología y los medios de comunicación modernos como una amenaza de muerte para la alta cultura y la inteligencia humana, una postura que hoy replican quienes auguran que la inteligencia artificial o las redes sociales destruirán la esencia de la humanidad. Esta angustia por la pérdida del control social y la irracionalidad colectiva ya había sido anticipada por el filósofo Bertrand Russell (1940/1996), quien al desglosar los mecanismos del autoritarismo y el fascismo explicó que estos movimientos destructivos surgen en épocas de profunda zozobra económica y moral, funcionando no como sistemas de creencias ordenados, sino como protestas emocionales e irracionales alimentadas por la histeria. Según el célebre diagnóstico de Russell (1940/1996), el avance hacia la tiranía social e institucional se consolida mediante una estrategia binaria muy clara: primero, el poder logra "fascinar a los necios" a través de la agitación emocional, para posteriormente "amordazar a los inteligentes" por medio del terrorismo y la censura. El pánico que Russell describía ante el auge de los totalitarismos europeos resuena con fuerza en la acepción geopolítica y económica contemporánea: el colapso sistémico o el "apocalipsis de las élites". Para los grandes magnates y analistas del colapso, el fin del mundo no es un evento místico, sino un "efecto cascada" donde el cambio climático, la escasez de recursos, las guerras y la caída del sistema financiero global ocurren de manera simultánea, provocando que las cadenas de suministro se detengan y las ciudades se vuelvan completamente inhabitables. Esta metamorfosis del concepto, que pasa de ser la promesa de un mejor comienzo a la destrucción total sin retorno, sirve hoy para etiquetar los miedos más profundos de las clases dominantes, dando origen a la práctica del Doom Prepping de élite, bautizada conceptualmente por Douglas Rushkoff (2023) como The Mindset (La Mentalidad). De acuerdo con Rushkoff (2023), esta corriente describe la convicción de los multimillonarios tecnológicos y financieros de que el colapso de la sociedad es inevitable, lo que los lleva a no intentar mejorar el mundo, sino a buscar acumular suficiente dinero y tecnología para aislarse y escapar de las consecuencias. Esta mentalidad ha impulsado a corporaciones especializadas como Vivos o Rising S Company a edificar búnkeres subterráneos de híper-lujo autosuficientes, mientras que magnates de la talla de Peter Thiel o Mark Zuckerberg adquieren extensiones masivas de tierra en lugares remotos como Nueva Zelanda o Hawái. Todo esto se encamina hacia lo que las propias élites denominan "El Evento", dando pie a la paradoja descrita por Rushkoff (2023): los billonarios construyen fortalezas tecnológicas para protegerse del pueblo, pero su riqueza digital perderá todo valor al caer las instituciones que la respaldan, enfrentándolos al dilema irresoluble de cómo asegurar la lealtad de sus propios guardias armados cuando el dinero ya no signifique nada. Lo verdaderamente trascendental es que existe una conexión directa entre este Doom Prepping de las élites y el "Gran Ciclo" de los imperios popularizado por el macroanalista Ray Dalio (2021) y las tesis clásicas del historiador Paul Kennedy (2011) sobre la sobreextensión imperial. Al estudiar las causas de la decadencia de potencias como el Imperio Español, el Imperio Británico y la Unión Soviética, se identifica un paralelo común de síntomas en sus fases tardías: la sobreextensión de la deuda por un gasto militar desproporcionado, el despilfarro de la riqueza en la financiación de guerras interminables, la manutención de bases globales y flotas navales insostenibles, la devaluación de la moneda, la inflación masiva con dependencia de bancos extranjeros, y la existencia de una élite desconectada del pueblo junto a una burocracia corrupta. Lejos de ser elucubraciones de teóricos de la conspiración o profetas modernos, estos síntomas de decadencia en potencias actuales como Estados Unidos —y potencialmente en la emergente China— están siendo medidos matemáticamente por macroeconomistas de Wall Street, historiadores académicos y científicos de datos complejos. En la perspectiva del dinero, Dalio (2021) evalúa la decadencia estadounidense a través de indicadores duros como la pérdida del poder adquisitivo del dólar frente al oro, los niveles insostenibles de deuda pública y el riesgo latente de un conflicto civil interno debido a la polarización. Desde la ciencia de datos y la historia cuántica, Peter Turchin (2024), mediante la cliodinámica —disciplina que aplica modelos matemáticos y macrodatos a la historia humana—, predijo con precisión la fractura social de la presente década e identificó en su obra End Times el síntoma definitivo de la caída: la sobreproducción de élites, un fenómeno que ocurre cuando una sociedad genera demasiados individuos ricos y ambiciosos para una cantidad limitada de puestos de poder real, fragmentando a la clase gobernante en facciones que terminan por despedazar las instituciones del Estado. Asimismo, desde la historiografía tradicional, Kennedy (2011) demuestra cómo los costos de mantener cientos de bases militares en el extranjero terminan devorando la infraestructura y la economía interna de un país, un análisis que complementa el historiador Alfred McCoy (2017) al argumentar que los fracasos militares en Medio Oriente y las tensiones en puntos estratégicos como el Estrecho de Ormuz operan como "microdesastres militares" que catalizan el colapso del orden financiero global. A este diagnóstico se suman economistas heterodoxos como Richard Wolff (2012), quien documenta cómo la economía hegemónica ha mutado de ser una potencia manufacturera y productiva a un sistema basado estrictamente en la especulación financiera y el endeudamiento masivo, replicando con exactitud el patrón de la fase tardía del Imperio Británico. De este modo, arribamos a la gran paradoja de nuestra era: las mismas élites financieras y tecnológicas que devoran y analizan los informes económicos de Ray Dalio o las proyecciones matemáticas de Peter Turchin son las que terminan comprando búnkeres en Nueva Zelanda. En lugar de utilizar la rigurosidad de estos datos expertos para reformar el sistema vigente, disminuir la brecha de desigualdad o restaurar el tejido social, los hombres más ricos del mundo los emplean como un mero pronóstico meteorológico del apocalipsis, asumiendo que el colapso civilizatorio es irreversible y que su única alternativa racional es financiar, de manera individual, su propia vía de escape tecnológica.
Como siempre les digo, juzgue usted amigo lector.
Referencias
• Dalio, R. (2021). Principles for dealing with the changing world order: Why nations succeed and fail. Avid Reader Press.
• Eco, U. (1965). Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas. Lumen.
• Kennedy, P. (2011). Auge y caída de las grandes potencias (M. de Amilibia, Trad.). Debolsillo. (Obra original publicada en 1987).
• McCoy, A. W. (2017). In the shadows of the American century: The rise and decline of US global power. Haymarket Books.
• Rushkoff, D. (2023). La supervivencia de los más ricos: Fantasías de escape de los multimillonarios tecnológicos (A. Santos, Trad.). Captain Swing. (Obra original publicada en 2022).
• Russell, B. (1996). A fresh look at empiricism: 1927-42 (J. G. Slater & P. Köllner, Eds.). Psychology Press. (Obra original publicada en 1940). [1]
• Turchin, P. (2024). End times: Elites, counter-elites, and the path of political disintegration. Penguin Books. (Obra original publicada en 2023).
• Wolff, R. D. (2012). Democracy at work: A cure for capitalism. Haymarket Books.

¿Por qué no baja el precio de la gasolina? La verdadera causa que nadie quiere explicarDurante meses, los medios han rep...
09/18/2026

¿Por qué no baja el precio de la gasolina? La verdadera causa que nadie quiere explicar
Durante meses, los medios han repetido la misma explicación: la guerra con Irán, la crisis en el estrecho de Ormuz, la volatilidad del Brent. Es un relato cómodo, casi automático, que permite culpar a un enemigo externo y evitar la introspección. Pero la gasolina no está cara por la guerra. Está cara porque Estados Unidos construyó, durante casi dos décadas, una política energética basada en una ilusión: que perforar más equivalía a tener gasolina más barata. Esa ilusión se convirtió en doctrina, en eslogan, en promesa electoral, y terminó ocultando la realidad física que hoy estrangula al país: la capacidad de refinación nunca creció al ritmo de la producción de petróleo.
Los datos oficiales de la U.S. Energy Information Administration muestran que la producción de crudo pasó de 5,0 millones de barriles diarios en 2008 a más de 13,2 millones en 2024, un aumento de casi 168% (EIA, 2025). En cambio, la capacidad de refinación apenas se movió: 17,6 millones de barriles diarios en 2008, un máximo de 18,8 millones en 2019, y luego un retroceso hasta 17,8–17,9 millones en 2024–2026 (EIA, 2026). Un océano de petróleo entrando por un embudo que nunca se amplió. Esa es la verdadera causa del precio actual de la gasolina: no la guerra, sino una fractura estructural dentro del poder ejecutivo que ignoró —o decidió ignorar— la infraestructura crítica que convierte el crudo en combustible.
Aquí aparece la paradoja que debe quedar grabada en la memoria del lector: el país más poderoso del mundo, cuyo desarrollo industrial es uno de sus mayores logros, hoy no puede refinar el petróleo que produce. Y esa paradoja es la esencia de la frase que sintetiza esta crisis: “Drill Baby’s Drill vs. Refined Petrol”. Un país que puede perforar más rápido que cualquier otro, pero que no puede transformar ese petróleo en gasolina suficiente para su propio consumo. Una potencia energética atrapada en su propio embudo.
La narrativa pública que impulsó esta crisis se construyó con declaraciones que hoy resultan reveladoras. En 2008, cuando el eslogan “drill, baby, drill” comenzaba a convertirse en mantra nacional, Sarah Palin defendió en CNBC la expansión de la perforación como solución directa al precio del combustible. Dijo: “It will impact, in a positive sense, the price of fuel… The reserves are ready to be tapped” (CNBC, 2008). La traducción literal: “Sí tendrá un impacto positivo en el precio del combustible… Las reservas están listas para ser explotadas.” La promesa era clara: más perforación = gasolina más barata. Pero era técnicamente falsa.
Michael Steele, figura clave del Partido Republicano, reforzó esa narrativa en la Convención Nacional de 2008: “Let me make it very clear: Drill, baby, drill — and drill now” (Steele, 2008, citado en Carbon Brief, 2024). La ecuación era directa: reducir dependencia del exterior = perforar más. Ninguna mención a refinerías, a capacidad de procesamiento, ni al desfase temporal entre extraer crudo y convertirlo en gasolina.
En el debate vicepresidencial de 2008 ocurrió el momento decisivo, el punto donde la política eligió la emoción sobre la ingeniería. Joe Biden advirtió públicamente: “Drill we must, but it will take 10 years for one drop of oil to come out of any of the wells that will be drilled” (Wikiwand, 2024). La traducción fiel: “Perforar, debemos hacerlo; pero tomará diez años para que salga una sola gota de petróleo de cualquiera de los pozos que se perforen.” Era una advertencia técnica, precisa, basada en la realidad física del sistema energético. Pero fue desechada.
Sarah Palin respondió con la frase que selló la derrota de la advertencia: “The chant is ‘drill, baby, drill.’ And that’s what we hear all across this country… people are so hungry for those domestic sources of energy to be tapped into” (Wikiwand, 2024). Traducción: “El canto es ‘drill, baby, drill’. Y eso es lo que escuchamos en todo el país… la gente está tan hambrienta de que esas fuentes domésticas de energía sean explotadas.” La política eligió la música del eslogan y desechó la matemática del tiempo.
La campaña de desgaste contra Biden lo presentó como “derrotista”, “anti energía”, “enemigo del crecimiento”. Los think tanks alineados con la industria petrolera reforzaron la idea de que el problema energético era exclusivamente la falta de perforación. Los asesores del poder ejecutivo, obsesionados con la autosuficiencia petrolera, nunca integraron en su discurso la infraestructura de refinación. Y mientras la producción se disparaba, las refinerías envejecían, se saturaban, cerraban o quedaban atrapadas en litigios ambientales. La mitad invisible del sistema quedó fuera del debate público.
Para entender la crisis actual, hay que mirar los números que casi nadie menciona. La demanda nacional de gasolina es de 8.8 a 9.3 millones de barriles diarios, llegando a 9.5 mbd en verano (EIA, 2025). La capacidad de refinación estadounidense produce 9.0–9.5 mbd de gasolina terminada (EIA, 2025). Es decir: la capacidad de refinación apenas cubre la demanda nacional; no hay margen, no hay excedente, no hay colchón. Cuando una refinería se detiene, cuando aumenta la demanda, o cuando se exporta más gasolina, el país queda corto.
Antes de Ozmur, Estados Unidos importaba ~600,000 barriles diarios de gasolina terminada (EIA, 2024). Después de Ozmur, importa ~800,000–900,000 barriles diarios, y los paga más caros (EIA, 2026). La razón es simple: el precio del refinado subió más que el precio del crudo, y la capacidad global de refinación se redujo por interrupciones en Medio Oriente y Asia. La potencia petrolera más grande del mundo depende de refinerías extranjeras para abastecer su propio mercado.
Aquí surge la pregunta clave: si se resolviera el conflicto en Ozmur, bajaría el precio de la gasolina? La respuesta técnica es clara: bajaría el precio del petróleo, pero no necesariamente el de la gasolina. Porque el precio del crudo es solo uno de los factores; el otro es la capacidad de refinación. Y esa capacidad está hoy al límite. Aunque mañana se firme la paz en Ozmur, Estados Unidos seguiría importando gasolina al precio del mercado mundial, porque sus refinerías no dan abasto. La guerra encareció el crudo; la falta de refinerías encarece el combustible. Son dos factores distintos, y ambos afectan el bolsillo del consumidor.
Además, ampliar la capacidad de refinación requiere entre 4 y 8 años para expandir una planta existente y entre 10 y 17 años para construir una nueva. Es decir: aunque mañana se resuelva Ozmur, el precio de la gasolina seguirá condicionado por decisiones tomadas hace veinte años y por infraestructuras que no pueden ampliarse de la noche a la mañana.
La crisis actual no es una crisis del petróleo; es una crisis del Estado. Un Estado que confundió producción con seguridad energética, que celebró cifras récord sin preguntarse si la infraestructura podía sostenerlas, que encendió la mecha en Ozmur sin haber asegurado el sistema doméstico que debía amortiguar el impacto. La gasolina no está cara por la guerra; está cara porque Estados Unidos construyó un modelo energético desequilibrado, vulnerable y dependiente de refinerías extranjeras. La guerra solo activó el mecanismo que ya estaba roto.
En términos históricos, esta paradoja —“Drill Baby’s Drill vs. Refined Petrol”— será recordada como una crisis provocada no por Irán, sino por Washington. Una crisis que revela cómo la política energética estadounidense se convirtió en un edificio con cimientos desiguales: sólido en producción, frágil en refinación. Y que demuestra que el verdadero precio de la gasolina no se decide en Ormuz, sino en la arquitectura interna del poder ejecutivo.
Referencias APA
CNBC. (2008). Interview with Sarah Palin on domestic energy and ANWR. CNBC News.
Carbon Brief. (2024). The history and political use of “Drill, baby, drill”. Carbon Brief. U.S.
Energy Information Administration. (2024). U.S. Imports of Finished Motor Gasoline. EIA. U.S.
Energy Information Administration. (2025). Petroleum & Other Liquids: U.S. gasoline consumption and production. EIA. U.S.
Energy Information Administration. (2026). Refinery Capacity Annual Report. EIA.
Wikiwand. (2024). Drill, baby, drill – political slogan and debate history. Wikiwand.

08/25/2026

La decisión de Washington que algunos no vieron y otros no quieren reconocer: la caída de Díaz Canel
Pese a las especulaciones del sector más reaccionario del exilio en Miami y las afirmaciones de congresistas cubano americanos que exigían el secuestro de Raúl Castro y una intervención armada, los hechos muestran una realidad distinta: Washington ya había decidido la caída negociada de Miguel Díaz Canel, en contra de todos los pronósticos y compromisos asumidos ante el exilio histórico. Esa decisión fue anunciada públicamente sin que muchos la vieran.
La práctica estadounidense de usar al New York Times como megáfono diplomático es histórica: Kennedy filtró negociaciones secretas durante la crisis de los misiles (Weinstein, 1997), Clinton preparó la intervención en Haití a través del NYT (Schmitt & Lacey, 1994), Bush justificó la invasión de Irak con filtraciones sobre armas de destrucción masiva (Sanger, 2002), y Trump hizo lo mismo con contactos militares venezolanos en 2019 (Casey & Jakes, 2019). Por eso el artículo del 16 de marzo de 2026, “Trump Administration Said to Tell Cuba That Its President Has to Go”, no fue una nota aislada, sino la primera señal pública de la estrategia hacia Cuba (Robles, Wong & Correal, 2026).
El NYT reportó que Washington exigió la salida de Díaz Canel como condición para aliviar sanciones. La Habana debatía cómo sustituirlo sin ceder públicamente. Días después, Marco Rubio confirmó esa línea al declarar que “esto no va de la familia Castro” y que “la economía de Cuba no puede cambiar sin un cambio político” (El País, 2026). Con ello exoneró de facto a la familia Castro, en un momento en que el exilio radical exigía su captura por el derribo de las avionetas, algo jurídicamente imposible porque Fidel asumió públicamente la responsabilidad desde el primer día.
La entrevista de Mônica Bergamo a Díaz Canel reforzó la tesis del NYT: el presidente admitió un “bloqueo interno” y “resistencias dentro del aparato”, revelando su incapacidad para gobernar y su aislamiento político. Un líder que reconoce que no puede ejecutar reformas es un líder que ya no sirve para negociar.
La administración Trump no busca destruir el sistema cubano, sino quitarle el control de la economía, como ocurrió en Venezuela. Cuando el capital estadounidense entre en sectores estratégicos —níquel, energía, turismo, telecomunicaciones— el sistema perderá su base material. Rusia ya declaró que Cuba “no produce nada”; China observa sin involucrarse; y un bloqueo naval prolongado haría responsable a Washington de la crisis humanitaria. Por eso la estrategia es económica y de inteligencia, no militar.
La CIA ha ampliado operaciones en la isla y coordina con el ministro del Interior, quien controla seguridad, policía, fronteras e inmigración. Es la figura operativa que garantiza estabilidad mientras la familia Castro queda en la retaguardia. FOX News, desde el espectro opuesto al NYT, ha replicado esta narrativa: colapso energético, inviabilidad de la intervención militar y necesidad de una transición ordenada (FOX News, 2026). Cuando el NYT habla en voz baja y FOX replica en voz alta, la Casa Blanca ya tomó una decisión.
La caída de Díaz Canel será el trofeo político de Trump, pero el objetivo real es apoderarse de la economía. Cuando eso ocurre, las leyes y las instituciones políticas se adaptan automáticamente para proteger ese nuevo control económico, como explica el materialismo histórico: las relaciones de producción son la infraestructura social y el aparato jurídico una superestructura diseñada para blindar los intereses de la clase dominante (Marx, 1859/1977). Lenin resumió esta premisa al afirmar que la política es la expresión concentrada de la economía (Lenin, 1921/1977). En el capitalismo moderno, el poder financiero reconfigura legislación penal, fiscal y comercial mediante cabildeo y presión de mercados, demostrando que quien domina la riqueza material termina dictando las reglas del juego político (Fulcher, 2003).
La transición silenciosa ya comenzó. El artículo del NYT fue la señal que muchos no quisieron ver.
Referencias
Bergamo, M. (2026). Entrevista a Miguel Díaz Canel. Folha de S. Paulo. Casey, N., & Jakes, L. (2019). U.S. Officials Met With Venezuelan Coup Plotters. The New York Times. El País. (2026). Marco Rubio: “Quizás haya una oportunidad”. FOX News. (2026). Declaraciones de Marco Rubio sobre Cuba. Fulcher, J. (2003). Capitalism: A Very Short Introduction. Oxford University Press. Lenin, V. I. (1921/1977). Selected Works. Progress Publishers. Marx, K. (1859/1977). A Contribution to the Critique of Political Economy. Progress Publishers. Robles, F., Wong, E., & Correal, A. (2026). Trump Administration Said to Tell Cuba That Its President Has to Go. The New York Times. Schmitt, E., & Lacey, M. (1994). Clinton Sends Troops Toward Haiti. The New York Times. Sanger, D. E. (2002). U.S. Says Hussein Intensifies Quest for A Bomb Parts. The New York Times. Weinstein, A. (1997). The Cuban Missile Crisis: A Political Analysis. Foreign Affairs.

La decisión de Washington que algunos no vieron y otros no quieren reconocer: la inminente e inevitable caída del presid...
08/25/2026

La decisión de Washington que algunos no vieron y otros no quieren reconocer: la inminente e inevitable caída del presidente de Cuba Miguel Díaz Canel Bermúdez. Segunda parte.
La reflexión de hoy obliga a reconstruir la secuencia informativa desde su origen, porque cuando se colocan las fechas sobre la mesa, todo el proceso adquiere una coherencia que pocos han advertido. El 16 de marzo de 2026, el New York Times publicó la nota que detonó todo: Estados Unidos exigía la salida de Miguel Díaz Canel como condición indispensable para negociar cualquier alivio de sanciones o apertura económica (Robles, Wong & Correal, 2026). Las fuentes eran cuatro funcionarios estadounidenses involucrados directamente en las conversaciones. Esa misma tarde, Infobae replicó la noticia casi palabra por palabra, confirmando que la filtración no era aislada sino parte de un mensaje estratégico (Infobae, 2026).
El 17 de marzo de 2026, la réplica se expandió internacionalmente: BioBioChile, El Español, Martí Noticias y el programa de Sánchez Grass reprodujeron la misma estructura narrativa, citando las mismas fuentes internas del gobierno estadounidense (BioBioChile, 2026; El Español, 2026; Martí Noticias, 2026). En su emisión, Sánchez Grass difundió un video donde Donald Trump afirmaba que “no se puede negociar con Cuba mientras Díaz Canel esté en el poder” (Sánchez Grass, 2026), reforzando públicamente la condición que el NYT había revelado un día antes. Marco Rubio, por su parte, declaró en entrevista que “esto no va de la familia Castro” y que “la economía de Cuba no puede cambiar sin un cambio político” (El País, 2026), legitimando la línea estratégica de Washington y adormeciendo al exilio con una narrativa controlada.
Mientras Rubio sostenía la retórica del Cangrejo —una distracción deliberada que presentaba como “negociador” a una figura sin capacidad política ni operativa— Donald Trump movía las piezas reales del tablero. El 17 de marzo de 2026, designó al director de la CIA para reunirse con el hombre clave del aparato cubano: el General Lázaro Alberto Álvarez Casas, Ministro del Interior, un cuadro joven de ascenso meteórico, no asociado personalmente a hechos de sangre y con un perfil técnico operativo que lo hacía aceptable para Washington (Reuters, 2026). Ese mismo día, Trump instruyó al jefe del Comando Sur a reunirse con los principales generales del Ejército, también cuadros jóvenes, ajenos a la generación histórica de los Castro (Comando Sur, 2026). Estas reuniones no buscaban intimidación militar ni amenazas de invasión; buscaban cuadrar su apoyo a un gobierno de transición, garantizándoles —y esto fue expresado tanto por Trump como por Rubio— que la familia Castro permanecería intocable durante todo el proceso (FOX News, 2026).
Entre el 18 y el 20 de marzo, se produjo un silencio mediático abrupto. La atención internacional se desplazó hacia la guerra en Irán y la crisis energética, relegando la noticia cubana a un segundo plano. Pero el silencio no significó inactividad: significó negociación. Mientras los medios callaban, la CIA y el Comando Sur negociaban directamente con los operadores cubanos, preparando el terreno para una transición controlada.
En ese espacio de silencio surgió la narrativa absurda del Cangrejo como supuesto “negociador principal”. Su apodo —impuesto por su abuelo desde niño— funciona como metáfora política: caminar al revés de la realidad, invertir el sentido del análisis, desviar la atención pública mientras se desarrollaba la operación real. La narrativa del Cangrejo fue un señuelo diseñado para entretener al exilio y mantenerlo alejado del proceso verdadero: la negociación de alto nivel para remover a Díaz Canel.
La elección de Álvarez Casas como operador central confirma la lógica de Washington. Su estilo represivo más sutil —evidenciado en casos como Ferrer y Osorbo, donde se permitió una versión edulcorada de tolerancia controlada, incluyendo la famosa “casa con piscina”— no es benevolencia: es la adaptación del aparato cubano a las exigencias estadounidenses para una transición sin caos. Washington necesita orden, estabilidad y ausencia de titulares sangrientos mientras se reconfigura la economía. Álvarez Casas cumple todos los requisitos: controla seguridad, policía, fronteras e inmigración; es aceptable para la familia Castro; es funcional para el aparato militar; y es confiable para Estados Unidos como garante de la tranquilidad ciudadana durante la transición democrática de Cuba.
A esta dimensión política y operativa se suma un vector económico decisivo: la disposición de grandes capitales estadounidenses a invertir en Cuba desde la apertura de Barack Obama. Entre 2015 y 2016, múltiples conglomerados —líneas de cruceros como Carnival y Royal Caribbean, aerolíneas como American Airlines y JetBlue, empresas agrícolas, ganaderos, compañías de logística y turismo— anunciaron públicamente su interés en entrar al mercado cubano tan pronto como existiera un marco legal estable (The Wall Street Journal, 2016; Bloomberg, 2016). Ese interés no desapareció: quedó en pausa, esperando la señal política adecuada. Por eso la figura del empresario cubanoamericano Jorge Mas Santos adquiere relevancia estratégica. Según reportes de Martí Noticias y declaraciones difundidas por Sánchez Grass, Mas Santos sostuvo conversaciones con Donald Trump y Marco Rubio sobre oportunidades de inversión en sectores energéticos, turísticos e infraestructurales en una Cuba post Díaz Canel (Martí Noticias, 2026; Sánchez Grass, 2026).
Esta dimensión empresarial se refuerza con las declaraciones del vicecanciller cubano Carlos Fernández de Cossío, quien reconoció públicamente la posibilidad de que incluso la organización Trump pudiera invertir en Cuba, recordando que en los archivos de firmas extranjeras asentadas en la isla figura el antecedente de operaciones exploratorias vinculadas al grupo Trump en 2018 (Fernández de Cossío, 2018/2026). A ello se suma un rumor persistente —difundido en círculos políticos y mediáticos— de que Cuba habría considerado otorgar el nombre “Trump” a un cayo del archipiélago, gesto simbólico que, aunque no confirmado, no puede descartarse dada la estrategia conocida de la marca Trump de incrementar su presencia en países en crisis o en procesos de reconstrucción: la franja de Gaza, Venezuela y ahora Cuba, con intereses también mencionados en escenarios como Ucrania, China o Qatar (Bloomberg, 2025; FOX News, 2026). La coincidencia entre estos elementos —capital estadounidense esperando autorización, Mas Santos articulando puentes, la organización Trump evaluando oportunidades y el aparato cubano reconociendo esa posibilidad— demuestra que la transición cubana no se concibe como un acto ideológico, sino como una operación de reconfiguración económica. La presión política y las negociaciones operativas no son fines en sí mismos: son el mecanismo para abrir un mercado colapsado a capitales que llevan una década esperando entrar.
Cuando se colocan las fechas, todo encaja: 16 marzo → NYT envía el mensaje. 17 marzo → réplicas internacionales confirman la filtración. 17 marzo → CIA y Comando Sur se reúnen con operadores cubanos. 18–20 marzo → silencio mediático mientras se negocia. 20 marzo–abril → aparece la distorsión del Cangrejo como cortina de humo. abril → Álvarez Casas emerge como operador clave para la transición. 2015–2026 → capital estadounidense esperando entrar en Cuba.
La cronología demuestra que la operación no fue improvisada: fue una estrategia cuidadosamente diseñada, ejecutada en silencio y comunicada mediante megáfonos diplomáticos. Lo que parecía ruido mediático era, en realidad, el anuncio de una transición negociada que hoy, meses después, se vuelve evidente.

Address

Spring Hill, FL
34606

Alerts

Be the first to know and let us send you an email when Sucesos de la Historia posts news and promotions. Your email address will not be used for any other purpose, and you can unsubscribe at any time.

Contact The Organization

Send a message to Sucesos de la Historia:

Shortcuts

Share