10/14/2026
Some people are more than just part of a school. They become part of its heart.
For more than 20 years, Mrs. Lambert was one of those people at Abbott.
Her journey began as a paraprofessional before she became a teacher, but her impact reached far beyond the classroom. As a Diverse Learner case manager, Athletic Director, softball and baseball coach, Ladies of Distinction sponsor, and Cooking Club sponsor, she wore many hats. But no matter the role, she brought the same things to everything she did: compassion, dedication, and an unwavering commitment to our students.
She loved fiercely. Her family, her friends, her colleagues, and her students all knew what it meant to be cared for by her. Her kindness was extraordinary, her empathy seemingly endless, and her ability to make people feel seen, valued, and loved was a gift she shared so freely.
While we are heartbroken by her passing, we are also incredibly grateful for the more than two decades of memories, laughter, lessons, and love she gave our Ramily. Her legacy lives on in the countless students she encouraged, the athletes she coached, the colleagues she supported, and the lives she touched.
Some people leave footprints on a school. She left them on our hearts.
Once a Ram, always a Ram.
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Algunas personas son mucho más que parte de una escuela. Se convierten en parte de su corazón.
Durante más de 20 años, la Sra. Lambert fue una de esas personas en Abbott.
Su trayectoria comenzó como paraprofesional antes de convertirse en maestra, pero su impacto fue mucho más allá del salón de clases. Como encargada de casos de estudiantes con diversas necesidades de aprendizaje, directora de deportes, entrenadora de sóftbol y béisbol, patrocinadora de Ladies of Distinction y del Club de Cocina, desempeñó muchos roles. Sin importar cuál fuera su responsabilidad, siempre aportó lo mismo a todo lo que hacía: compasión, dedicación y un compromiso inquebrantable con nuestros estudiantes.
Amaba con todo el corazón. Su familia, sus amigos, sus colegas y sus estudiantes sabían lo que significaba recibir su cariño y apoyo. Su bondad era extraordinaria, su empatía parecía no tener límites y su capacidad para hacer que las personas se sintieran escuchadas, valoradas y queridas era un don que compartía tan generosamente.
Aunque su fallecimiento nos ha dejado con el corazón destrozado, también sentimos una inmensa gratitud por las más de dos décadas de recuerdos, risas, enseñanzas y cariño que brindó a nuestra familia de Abbott, nuestra Ramily. Su legado sigue vivo en los innumerables estudiantes a quienes alentó, los atletas que entrenó, los colegas a quienes apoyó y todas las vidas que tocó.
Algunas personas dejan huellas en una escuela. Ella las dejó en nuestros corazones.
Una vez Ram, siempre Ram.