29/10/2026
𝑴𝑰𝑬𝑵𝑻𝑹𝑨𝑺 𝑬𝑳 𝑷𝑼𝑬𝑩𝑳𝑶 𝑺𝑬 𝑷𝑬𝑳𝑬𝑨 𝑷𝑶𝑹 𝑳𝑨 𝑫𝑬𝑹𝑬𝑪𝑯𝑨 𝒀 𝑳𝑨 𝑰𝒁𝑸𝑼𝑰𝑬𝑹𝑫𝑨, 𝑳𝑶𝑺 𝑫𝑬 𝑨𝑹𝑹𝑰𝑩𝑨 𝑺𝑰𝑮𝑼𝑬𝑵 𝑺𝑬𝑵𝑻𝑨𝑫𝑶𝑺 𝑨 𝑳𝑨 𝑴𝑰𝑺𝑴𝑨 𝑴𝑬𝑺𝑨
Columna contratada por Richard Manzanares
Hay gente que todavía no entiende el juego.
Unos defienden a la izquierda como si fuera una religión. Otros defienden a la derecha como si fuera la salvación. Se insultan, se enfrentan, pierden amistades y hasta dividen familias por políticos que muchas veces ni saben que existen.
Lo más triste es ver a personas preparadas, incluso docentes, atrapadas en esa guerra ideológica, convencidas de que su bando representa la verdad absoluta.
Pero hay algo que pocos se detienen a pensar: cuando llegan las crisis, los que hacen los mayores sacrificios suelen ser los mismos de siempre.
El trabajador, el jubilado, el pequeño comerciante, el que se levanta todos los días para llevar un plato de comida a su casa.
Mientras tanto, buena parte de la dirigencia política conserva sus privilegios, sus cargos y sus beneficios.
Y ahí aparece la gran contradicción: los que abajo se odian por ser de derecha o de izquierda, muchas veces ven cómo los de arriba negocian, acuerdan y conviven sin mayores problemas.
Porque una cosa es tener ideales y otra muy distinta es entregar la capacidad de pensar por defender a un partido.
No se trata de decir que todos los políticos son iguales. Se trata de entender que ningún color político merece una lealtad ciega.
Al final, mientras unos discuten quién tiene la razón, otros siguen administrando el poder.
lY si el pueblo no aprende a exigirles a todos por igual, seguirá cambiando de conductor sin preguntarse por qué el camino siempre lo termina pagando él mismo.
Richard Manzanares