21/12/2025
COLEGIO COROMOTO
Educación para la vida
El Colegio Coromoto siempre me llamó la atención. En pleno centro de Acarigua, solo una pequeña puerta de acceso, y un cartel al lado con el nombre “Colegio Coromoto”. Desde hace años lo he venido observando, sin el bullicio de estudiantes en la puerta, como otras instituciones. La curiosidad seguía. ¿Cómo será ese colegio por dentro? -me preguntaba. Hasta que hace varios días, crucé el umbral.
Me atendió el profesor Jairo Dávila, director desde hace 17 años. “El Colegio Coromoto es una de las instituciones educativas privadas, más antigua de Acarigua”, dijo el educador.
Esta institución fue creada en 1959 por los esposos doña Victoria Yústiz de León y Antonio María León Jiménez, educadores larenses que un día decidieron cruzar la frontera hasta Portuguesa, para fundar en Acarigua una institución educativa.
Se inicia como Instituto Comercial “Mi Oficina”, especializada en la enseñanza de mecanografía con método Palmer, contabilidad y secretariado comercial. Luego deciden avanzar incursionando en la educación primaria, por lo que crean el “Colegio Coromoto” en el mismo lugar. Hacen remodelaciones en el techo y algunas paredes son mejoradas. Paralelo a la educación secretarial, crean la educación primaria hasta sexto grado, creciendo el colegio en el aspecto cultural con grupos de danzas, zancos y de teatro.
El colegio sigue creciendo y abren la educación básica hasta tercer año, de primaria a tercer año de bachillerato diversificado. “Yo tengo aquí representantes que estudiaron primaria, con abuelos que hicieron algún curso en la academia. En esos tiempos egresaban los estudiantes con letra de caligrafía, se graduaban con proyectos que debían ser escritos -la mitad- a mano con caligrafía palmer, la otra parte redactada con máquinas de escribir”, explica Dávila.
Era una educación exigente, nada de tachaduras en los escritos, borrones o con corrector líquido, todo debía estar redactado de manera perfecta. Hubo tanta demanda que se crea el ciclo diversificado, comenzando a graduar bachilleres. Desde preescolar hasta quinto año de bachillerato.
En un momento los esposos -dueño del colegio- se separan y la señora se queda con la institución, asumiendo su hijo, Wifredo León Yústiz, la dirección. Es el encargado de mantener el buen nombre del colegio, incluyendo cuando la señora Victoria fallece.
Pero ocurre que el país entra en una crisis económica, que afecta directamente a la educación privada. Los docentes no mostraban interés en continuar en el Colegio Coromoto, prefiriendo la educación pública que ofrecía mejores sueldos. La matrícula del colegió bajó ostensiblemente, porque los representantes retiraban a los alumnos por deficiencia de profesores.
Lamentablemente un día fallece en un accidente de tránsito el profesor Wilfredo León Yústiz, asumiendo las riendas del colegio su hermana, profesora Mirialú Yústiz de León. La matricula cada vez era más baja y en el año 2012 la institución entró en un cierre técnico, porque en verdad no había como pagar el sueldo de los docentes.
Momentáneamente cerramos la educación básica, incluyendo preescolar, quedando únicamente las aulas de bachillerato, que apenas daba para el pago de los profesores. Es en ese momento que aparece el profesor Enrique Marín, que le mete la mano al colegio con sus amplios conocimientos en arreglos y reparaciones generales.
Años después las cosas cambiaron. Hoy en día las instituciones privadas han visto mejorada la calidad de la educación que imparten, porque el docente ha venido emigrando de la educación pública a la privada, acordando horarios de trabajo que no perjudiquen a ninguna de las partes.
La llegada de la pandemia fue otro tema. La mayoría de las instituciones privadas estuvieron a punto de quiebre y no quedó otra medida que reinventarse digitalmente. Primero convencer al representante para que pagara la matrícula del alumno, a pesar que no asistía a clases. Con el pago de la matrícula, solventaban el sueldo del profesor que, vía internet, revisaba, corregía y evaluaba los trabajos de los alumnos.
En este interín muere la profesora Mirialú, encargándose del colegio su esposo el profesor Marín, hombre preocupado y proactivo, que inicia un proceso de transformación en la institución, invirtiendo tiempo, trabajo y dinero. Es así como se sustituye el techo en las zonas más álgidas, arreglando las canaletas y mejorando las tanquillas del patio. Ya no habrá riesgos de inundación con las lluvias.
Pero seguía la crisis. De los 300 alumnos entre prescolar y bachillerato que había, se redujo a cuarenta. Afortunadamente las cosas comenzaron a mejorar luego de la pandemia, los estudiantes regresaban a inscribirse, los profesores volvieron en búsqueda de mejores sueldos, porque, paradójicamente, las instituciones privadas pasaron a ofrecer mejor pago que las escuelas públicas.
La directiva actual del Colegio Coromoto, se está esforzando en ofrecen calidad educativa, a pesar de la situación económica del país. “Ya no se tienen las aulas saturadas de estudiantes. Creemos que con 17 alumnos el docente trabaja bien y el muchacho mejora el proceso de aprendizaje. Por ahora el colegio presenta una matrícula de 65 alumnos, números que pensamos deben mejorar el año próximo”.
Explica el profesor Dávila, que una de las prioridades del colegio ha sido la seguridad del personal, tanto alumnos como docentes.
“Esta es una casa familiar que calculo, debe tener más de cien años. Un día, en 1959, fue convertida en institución educativa y así se ha mantenido hasta el día de hoy. Hemos impartido educación a varias generaciones de acarigüeños y de otros municipios, que hoy son excelentes profesionales, que han conformado familias, y que se sienten complacidos por la educación que aquí recibieron”.
Sostiene Dávila que el Colegio ha estado en el mismo sitio desde su creación, en la avenida Libertador, en pleno centro de Acarigua. Las dimensiones de la institución les ha permitido mantener, unas reglas disciplinarias que todos respetan. Luego que los alumnos entran al recinto, la puerta de acceso se cierra. Tienen prohibido salir al exterior en el horario de clases, a menos que sea un motivo de extrema necesidad. Nada de cortes de cabello extravagantes, ser comedidos en el vestir y el uso de celular está prohibido. Los bolsos deben ser transparentes y la disciplina respetada por todos.
“Me mantengo en la entrada al momento de iniciar clases y de cierre, pendiente que entren y salgan con disciplina. Vigilo que se retiren con el representante que los venga a buscar, porque nuestra responsabilidad es hasta el momento que se retiren de la institución. Estas normas les agradan a los padres y representantes”.
En el Colegio Coromoto no solo imparten conocimientos, quienes allí estudian también reciben educación de vida. Saben que deben dar los buenos días o buenas tardes, saludar al entrar o salir de un recinto, tratar con amabilidad a un profesor o profesora, respetar a los mayores, saben que están estudiando en un ambiente en el que deben predominar las buenas costumbres, la amabilidad y cortesía, entre todos.
Colegio Coromoto, educación para la vida…
Rafael “Pepe” Roldán
Cronista Oficial